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Ahora me exilio  hasta el invierno próximo
me hundo en mi propia corteza
siento el bien y el mal soplando mis venas.
- me gusta-.

Nada cambiará mi camino
ni lo que digan las rocas ni la sal del desierto
no busco respuestas.

Sazono mi pan con las especias de la vida
escribo mi propio evangelio
humano simple , corazón  privado.

Con la palabra flagelando la historia
me derramo fresca
en esta luna de mil apariencias.
- aleluya!

Lichazul © Elisa

12 comentarios:

El collar de Hampstead dijo...

Se te ve segura y eso me gusta!
Me quedo con lo de " el bien y el mal soplando en mis venas",es genial.

Buen finde Elisa.
Tu comentario me ha encantado.
Besos,muchos,
Carmen

Sarco Lange dijo...

Me atrevería a decir que eres una mujer que duerme en paz por las noches. Aleluya si es así.

Besos Elisa.

Rafael dijo...

Es cierto que tu protagonista, parece que toma una determinación en estas letras. Veremos a ver si aguanta ese "exilio hasta el invierno próximo..."
Un abrazo.

Aristos Veyrud dijo...

Después de que hagas lo que te guste, todo está como tiene que estar.
Abrazos!!!

Humberto Dib dijo...

Y a mí me gusta lo que transmite este texto, se lee seguro, optimista, confiado, como debe ser nuestra propia vida, nuestra propia obra.
Buen fin de semana.
Un beso.
HD

fernando dijo...

muy buen blog un gran beso

Meulen dijo...

Me encantó el sazón que tienes a tu vida...
de todo ello se hace el fundamento y en ello te reflejas siempre auténtica.
un abrazo!

TORO SALVAJE dijo...

Aleluya Elisa!!!

Besos.

TriniReina dijo...

Es precioso.
Me ha encantado este poema.

Te felicito

Besos

PD: Cambio el link

elisa lichazul dijo...

muchas gracias por sus lecturas y puntos de vista
abrazos y feliz fin de semana

Milena - en danza dijo...

Afirmación, firmeza, regeneración... se desprenden de otro de tus prodigiosos poemas, gracias Elisa por compartir, por tus palabras.

Besos

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

Cambiar el camino sería una traición, porque estaríamos denegando el destino ético del ser humano: hacerse, a pesar de sus caídas. Quien me guía no debe ser constructor de mis destino, sino estimulador a que haga mi destino...y el mejor maestro, es uno mordiendo el polvo de los caminos, untándose del barro de la vida. Un beso. Carlos